Un parque de dos hectáreas delimitado por una piedra y antiguo hierro golpeado, con al centro una cresta rocosa a cuya cumbre se yergue majestuoso el antiguo Castillo Chiaramonte. Una exultación de especies vegetales autóctonas. Con el palmeral, los agaves, el agrumeto, los jazmines, los granados, los algarrobos, las nueces y los almendros, los seculares ejemplares de aceitunos sarracenos.


Por siglos curados por los colonos de los Chiaramonte y luego de los aparceros de las muchas familias nobiliarias que siguieron en el dominio del antiguo castillo. Escondido de las cabelleras y de los peñascos sedimentarios, se divisan tímidamente “La Secreta.” La antigua creencia que quiere bendecidos por la Providencia los pactos concluidos sobre el “peñón de Siculiana” ha envuelto por siglos este lugar de un aura de riqueza y carácter sagrado. Son inequívoco de esto indicio los muchos acuerdos nobiliarios, las bodas entre vástagos de antiguos linajes, celebrados en el Castillo. En el agrumeto del Castillo, en cuanto bajo “la Secreta”, quiso retenerse por el bordado Constancia Chiaramonte circundado por fiables y habladoras damas de compañía. El retrato de Constancia y el padre Federico son visibles dentro del salón de las fiestas del Palacio Agnello. En épocas recientes, verano1955, ha recorrido en sendas, ahora de basolato, ahora de guijarros, huésped del caballero Agnello, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, autor de “Il Gattopardo.” Un año antes, en el verano del’ 54 fue tocado, también él huésped del caballero, a un extraordinario músico, Karlheins Stockhausen. Al anochecer, la atmósfera es de hechizo con los colores, los olores y los sonidos típicos de Sicilia que fue “Gatopardos.” Los cielos estrellados de las veraniegas noches sicilianas, aquí, reclaman la gracia del alma.